Rezan en el Callao
Fuertes vientos vuelan techos de casas e instalan alarmas para salvarse de tsunami son preludio de cataclismo
'Pensé que había comenzado el fin del mundo'. Aún en shock, doña Magaly Durand relataba a OJO los momentos de pánico que vivió cuando en la víspera los vientos huracanados azotaron su vivienda y resquebrajaron gran parte de su techo.
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Magaly se encomienda a Dios y relata que en ese momento lo primero que hizo fue proteger a sus tres hijos que lloraban aterrorizados por la fuerte ventisca que remecía su humilde vivienda.
Al igual que ella, decenas de moradores pasaron una tarde de terror, cuando los vientos huracanados e inusuales azotaron la zona de Márquez, en Ventanilla.
El panorama en el lugar, donde muchos creen que ya empezó el fin del mundo, era desolador. Los techos de decenas de humildes casas salieron volando con las huracanadas corrientes que levantaron a su paso remolinos de polvo y tierra, obligando a los moradores a colocar tablas de madera para protegerse del sol y viento.
Las inusuales ventiscas, que se iniciaron el jueves al promediar la una de la tarde, hicieron ceder también un inmenso y pesado cartel publicitario que hasta ayer yacía en el suelo como muestra del aterrador escenario que se vivió.
'Fue una pesadilla, yo me quedé en casa y por la ventana no se veía nada, el cielo estaba cubierto de arenilla oscura, indicó entre lágrimas Alondra Vergara.
'Mis hijos lloraban mientras presenciaban cómo mi techo de calamina cedía por la violencia del viento', agregó.
La joven Alondra Vergara, quien vive en el lugar desde que nació, manifestó que nunca ha visto un fenómeno similar.
Las inmediaciones del wawawasi también se vieron mermadas por el inclemente viento que llegó a doblar gran parte del techo de calamina del local que día a día recibe a muchos niños.
Según relataron los vecinos, lo que se vivió el jueves fue intenso y aterrador, ya que cientos de moradores huyeron despavoridos hacia los cerros cargando mochilas y provisiones ante los rumores de un inminente tsunami que arrasaría todo a su paso.
'La gente estaba en pánico. Varios serenos y policías fuimos al lugar para calmar a las personas que corrían a los cerros con sus hijos en brazos ', relató el sereno chalaco Martín Espíritu, mientras nos mostraba los grandes montículos de arena que se acumularon en las puertas de las viviendas.
Mujeres gestantes y hasta escolares escalaron caminos borrascosos, mientras eran golpeados por los remolinos de tierra y piedrillas que obstruían casi por completo la visibilidad.
En tanto, los moradores de la zona pidieron apoyo de las autoridades para refaccionar sus casas que fueron arrastradas por el viento.
'Tenemos miedo de que se salga el mar, queremos que coloquen un muro de contención', indicó un vecino.












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